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Mostrando entradas de octubre, 2014

Catálogo de los sonidos, ruidos, voces y melodías de la primerísima mañana.

El despertador no es el primero… BUAAAA!!! Es él bebe del sexto, recién nacidito. Una angelito, hasta que no se sabe porque empieza a chillar cual marrano en proceso de destete siendo alejado de su madre lechona por un humano intruso que tira de sus patitas traseras. Creo no merecer este suceso a las 6:15 de la mañana… A solo ’45 minutos de que suene el despertador. Durante los primeros quince, puteo internamente a los padres por no poder calmarlo, los siguientes diez me presiono para dormirme, los que le siguen me doy por vencida y medito sobre lo que voy a hacer en el día. Los anteúltimos cinco parece que me dormí. De los últimos cinco, no me recuerdo. Tantatantatan… Es una musiquita agradable, lo juro… pero son los acordes que dan comienzo a algo peor que la tortura china del goteo en la cabeza. Cinco grados en la calle, oscura, una boca de lobo… La noche se hizo para dormir… Si nuestros ancestros cavernícolas, sabían que había empezado el día con el primer rayito de ...

LA MULTIPLICIDAD DEL YO FEMENINO Y EL SÁBADODOMINGO.

Mis chicos volvían el domingo a la tarde, de la visita de fin de semana a la casa en un barrio privado de su padre. Excitados por las tantas actividades, regalos, canciones, y deportes practicados. Esa noche, la del regreso a la normalidad con mamá, siempre se hacía difícil acostarlos a dormir temprano. Me habían extrañado y era necesario contarme al detalle todo lo que jugaron, corrieron e imaginaron en esos dos días en su otra casa. Envidiaba ese mundo al que solo lograba entrar un instante, a través de sus palabras infantiles. Por todo eso, los lunes se convertían en los días más difíciles de la semana. Yo recuperándome del dolor provocado por el hecho de que mis hijos pudieran ser felices sin mí y de que su padre no me necesitara más en lo más mínimo. Y ellos recuperándose de las pocas horas de sueño de la noche anterior. Ahora era madre soltera, lo que tanto había temido durante mi adolescencia. Un miedo idiota, porque no había nada que pudiera hacer a los 13 años par...