LA MULTIPLICIDAD DEL YO FEMENINO Y EL SÁBADODOMINGO.



Mis chicos volvían el domingo a la tarde, de la visita de fin de semana a la casa en un barrio privado de su padre. Excitados por las tantas actividades, regalos, canciones, y deportes practicados. Esa noche, la del regreso a la normalidad con mamá, siempre se hacía difícil acostarlos a dormir temprano. Me habían extrañado y era necesario contarme al detalle todo lo que jugaron, corrieron e imaginaron en esos dos días en su otra casa. Envidiaba ese mundo al que solo lograba entrar un instante, a través de sus palabras infantiles.

Por todo eso, los lunes se convertían en los días más difíciles de la semana. Yo recuperándome del dolor provocado por el hecho de que mis hijos pudieran ser felices sin mí y de que su padre no me necesitara más en lo más mínimo. Y ellos recuperándose de las pocas horas de sueño de la noche anterior.

Ahora era madre soltera, lo que tanto había temido durante mi adolescencia. Un miedo idiota, porque no había nada que pudiera hacer a los 13 años para cambiar mi destino. Creo. Está bien, me había casado como Dios manda. Pero un buen día eso se quebró, fue al poco tiempo de nacer el segundo… Aún después de dos años de terapia intensa con la Dra. Bergamo Ruiz no logro desentrañar porque pasó lo que pasó. Ella me dice que no todo tiene explicación, y menos los sentimientos de los demás, pero yo le pago para que aunque más no sea me mienta y me deje tranquila de que yo no hice nada malo, que él me abandonó, de que yo di todo, y el no soportó el concepto de familia, de que yo era un ejemplo de mujer, madre y esposa y el… un hijo de puta. Pero no… quiere que me olvide de todo, de vuelta la página de no sé qué libro y empiece a mirar para adelante. Qué raro todo, en la primera sesión me pregunto por mis padres, evidentemente había algo atrás, sino no hubiéramos recorrido los cuarenta años de mi historia anterior al día S, de separación.

Desde ese momento fatídico, 3 de Julio de 2012, ya no me sentía mujer. Era una madre, divorciada, soltera, contadora, pero nada más. Perdí todo contacto con el deseo. Las mariposas de la panza estaban muertas y enterradas hace tiempo, los hombres eran todos (menos el angelado de mi padre) un incordio de la naturaleza y pensar en un acto sexual me daba arcadas.

Ayer mientras los esperaba luego de su “super finde con papa” (así es como mis hijos habían denominado a mi “malísimo fin de semana sabiendo que están juntos disfrutado sin mi”), limpiando la cocina, perfumando sus almohadas, preparando el uniforme para el día siguiente, y sintiéndome la maestra de ceremonias de un circo vacio tomé una decisión. .. No fue fácil, pero el trabajo lo podía seguir mi socia, a los chicos los podían cuidar entre sus abuelas y su padre, plata tenía para llevar y para dejar. Era una semana, y aunque me doliera, todo se seguiría moviendo a su ritmo sin mí, y si no lo hacía… aun mejor. Volvería cual heroína a salvarlos a todos.

Esta decisión había empezado a asomarse en la última sesión con la Dra. Bergamo Ruiz. Ella quiere que busque nuevos horizontes, pero insiste en desenterrar recuerdos.

- Usted tuvo otro amor además de su ex?
- Eeeh… no
- Algo tiene que haber, se caso a los 30 con Roberto. Seguramente tuvo un despertar sexual inicial anterior a conocer a su ex marido.
Una respiración profunda, luego de pensar bien antes de rajarme por creer ya inútil la terapia, me trajo un recuerdo de mi primer amor. De pronto iban apareciendo algunas de las emociones que al parecer solo estaban escondidas, perdidas más no desaparecidas.
- Si, Juan…
- Profundicemos un poco más en eso.
                ¿Por qué el plural? Yo voy a profundizar sola Dra.
- Lo conocí en Uruguay hace como 25 años, fue el estúpido primer amor.
- ¿Porque estúpido?
                Porque lo digo yo Dra.
- Porque, era una ilusión adolescente. De esas irrealizables, te imaginas un castillo de hadas, y a los dos días te fuiste a tu casa porque se terminó el verano y no lo viste más.
- Gran avance. Podemos afirmar que tuvo deseo alguna vez por un hombre distinto a Roberto.
                Obvio, por Brad Pitt también. No se a donde va con todo esto.
- Ajá
- ¿No pensó en buscarlo por las redes sociales? ¿Recuerda su apellido?
                Esta mujer me está cargando.
- Mmm…
- ¿Porque me mira así Sra.?
- No sé, es la cara que me sale.
- Para la próxima sesión, ya que esta está terminado…  sigamos avanzando en su historia con Juan. Por ese camino podremos destrabar su bloqueo emocional.

Parece que encontró una punta de donde comenzar a desovillar la maraña. Y yo también la había encontrado, aunque quise hacerme la superada recordaba su apellido a la perfección, y ni bien llegue a casa abrí la computadora y lo empecé a buscar. Al poco de iniciar la investigación lo había encontrado. Juan Barrenechea, no había fotos de hijos, ni señal de esposa. Eso podía ser muy bueno, o muy malo… más de 40 años y soltero, que raro… Capaz me había estado buscando a mi todo este tiempo.
                ¡Ojala, ojala!

Quinceañera de nuevo… pero no podía llamar a mi mejor amiga para contárselo entre grititos, no podía reescribir mi diario, no era necesario llorar a la noche por no haberle confesado mi amor. ¿Qué amor? Esa palabra estaba eliminada de mi vocabulario desde el día S.

 Ahora podía solicitarle una amistad, escribirle, preguntarle en que andaba, decirle que lo iba a ir a ver, que me quería acostar con él.
                ¡PARA! ¡Frena ahí! Ya es demasiada escalada de emoción…

Y así llegué hasta hoy, el día en que dejé a los chicos en el colegio, le pedí a mama que los fuera a buscar cuando se hiciera la hora de la salida, le dije a Roberto que esta noche se quedaban excepcionalmente en su casa, armé el bolso con mi mejor ropa (interior sobre todo) y dejé el celular en casa con una nota que decía: “No se preocupen, nos vemos en una semana, voy a reencontrarme con Lucia. Besos Lucia”.

Por la mañana me sentí extremadamente culpable, y ese sentimiento se bifurco con mi necesidad de no seguir justificando en la crianza de mis niños el abandono de mi feminidad y así avance a paso firme.

Estoy en Buquebus a punto de tomarme el ferry. Juan me espera del otro lado del Río de la Plata. Me hago encima.
Otra vez, tranquilízate.

Yo había aceptado que me pasara a buscar, la tercera vez que chateamos. Pero para eso pasaron otros dos encuentros virtuales, una revisión profunda de mi facebook que incluyo eliminación de fotos, tuneado de otras, destierro de frases o grupos depres de autoayuda a mujeres solas, todo vestigio que me pudiera hacer parecer… lo que era…

- Hola Juan, gracias por aceptar mi amistad.
- Lucia, que loco encontrarte por acá.
Me habló, me recuerda, ¿qué le digo?
- Si, te encontré en un grupo de bienes raíces en Punta del Este, y dije… ¿es o no es?
Primera mentira… pero quedó perfecta.
- Mira vos, si… me dedico a eso ahora. Te acordas cuando éramos chicos que quería recorrer el mundo en buggie…  Al final, a los 20 ya estaba en el mismo negocio de mi viejo, usando sus corbatas hasta que me pude comprar las mías.
Lo quiero ir a ver, ¿cuando se lo digo?, ¿ya mismo queda mal?

Y así transcurrió nuestro amena conversación mezclada con mi insoportable dialogo interno.  Tres extensos chats hasta que la pregunta por el rencuentro se convirtió en obvia.

- En 10 días viajo a Estados Unidos, pero después si queres venite que tengo varios deptos vacios y te podes tomar unos días y de paso nos vemos.
- ¿Para este Lunes no tenes nada?
¿¡Qué hiciste Lucia!? Quedaste como una desesperada.
- Sí, tengo! Un muy amigo trabaja en Buquebus, así que si queres te gestiono los pasajes.
- No te quiero molestar…
Si te quiero molestar.
- No jodas Lu, el lunes te paso a buscar por Montevideo. Justo tengo un almuerzo allá así que nos vamos juntos para Punta.

Pero… ¿Qué estoy haciendo acá esperando un barco a no sé donde a encontrarme con no sé quién? Mejor vuelvo, hago como si nada hubiera pasado. Le pido perdón y me excuso en una urgencia.

No necesito cruzar el charco para sentir que valgo, que puedo conquistar, para contactarme con mi yo mujer.

- Juan, ¿cómo estás? No voy a poder viajar. No te dije, pero tengo dos hijos y la verdad que se me complicó dejarlos con alguien.
                Tengo un miedo terrible.
- Olvidate Lu, quedate tranquila. Este fin de semana viajo a Capital, y ahí nos vemos.
Qué alivio… no estaba preparada aún.
- Dale, gracias. Hablamos, el sábado.
Por suerte, los fines de semana los chicos están con su padre!



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