La Fuente
El silencio invadía el sitio a
donde llegamos luego de un largo viaje. Éramos tres terrícolas en un planeta
desconocido. La razón del escape: falta de agua, elemento esencial para la
supervivencia de la especie humana.
Hacia finales del llamado “siglo
del horror”, el XXIII, las fuentes de agua dulce se agotaron para todas las
clases, menos para los elegidos. Estos eran los señalados a dedo por su
pretendida capacidad de supervivencia, por tener más posibilidades de lograr
que la raza humana se perpetúe.
Fueron un grupo de veinte
personas, de distintas nacionalidades, profesiones y edades. Mis abuelos formaron
parte de la selección de “salvadores de la humanidad”, como le decían aquellos
otros que tuvieron que sacrificarse esperando que estos cumplieran su misión.
Lo que recuerdo de lo que me
contó el Tata es que no fue nada fácil: los elegidos tuvieron que dejar atrás a
su familia para refugiarse en una pequeña isla fortificada con capacidad para
el desarrollo de las dos generaciones venideras que engendrarían los diez
hombres y diez mujeres que allí se instalaron en el año 2.284.
Las parejas intersexuales estaban
seleccionadas de antemano. Sino habían de ser ellos quienes encontraran la
solución a la falta de agua, debían dejar descendencia con la capacidad
intelectual y física suficiente para poder seguir con la meta original que los
había llevado hasta allí.
El día en que el Gobierno Supremo
nombró por cadena mundial, a través de todas las vías de comunicación
habilitadas, quienes serían los designados para perpetuar la especie, el Tata estaba
en su Estudio de Formación Metafísica.
Su labor consistía esencialmente
en desarrollar, en aquellos que tuvieran voluntad y tiempo, capacidades
cerebrales trascendentales no conocidas hasta el momento. En mitad de la clase
las alarmas comenzaron a sonar y el mensaje se escuchó a través del holograma
radial que había comprado años atrás. Sus alumnos y él vieron al Gobernador
Excelentísimo Mundial visiblemente nervioso informar lo siguiente:
“Ha llegado el día en que debo anunciar que el agua potable disponible
no alcanzará para atender las necesidades de los habitantes del mundo. Hemos
decidido junto al Congreso de Máximas Autoridades Gubernamentales y el
Ministerio de Recursos Esenciales que no podemos desperdiciar los últimos
galones en aquellos sujetos que no encontrarán la solución a esta calamidad.
El Sistema de Renovación Mundial ha comenzado. Las veinte personas que
nombrará mi Asistente Regional al final de este mensaje deberán presentarse en
la Oficina de Empleo Público Mundial el día de mañana para prestar sus
servicios y entregar sus vidas a un fin superior. Es lo que todos aceptamos al
nacer, brindarse a las necesidades del mundo cuando este lo requiera y ha
llegado para ellos la hora de hacerlo.
Les deseo a todos una larga vida.”
Aún desconcertado, mi abuelo
escuchó su nombre. Sus alumnos vitorearon. Él podía ser un gran trabajador para
la recuperación de los Recursos Esenciales.
La felicidad estaba aún en el
aire porque no se sabría hasta el día siguiente que a aquellos que no estaban
en la lista les sería totalmente restringido el acceso al agua potable y deberían
beber de los efluentes contaminados hasta desaparecer por efecto de
enfermedades desconocidas por la medicina de la época. Y a los elegidos les
sería, en adelante y para siempre, totalmente restringido el contacto con sus
seres queridos. De aquí hasta el final de sus días los de un lado y los del
otro no podrían contar con una parte esencial y necesaria para sus vidas.
Los elegidos arribaron a la Isla
en un avión privado del Gobernador Excelentísimo Mundial ese mismo día en que
inocentemente se presentaron a servir bajo sus órdenes.
Ya en el lugar donde vivirían,
fueron presentados y se les anunciaron sus funciones:
1. Servir
a la Humanidad en la búsqueda de su permanencia como especie por sobre el resto
de los seres vivientes que habitaban la tierra;
2. Reproducirse
para perpetuarse a través de la mejor formación genética;
3. Vivir
en armonía, sin liderazgo y en un Sistema de Iguales.
Con esta base les anunciaron sus
rutinas:
1. Dos
veces por día se reunirían a debatir y construir ideas para hacer que esa agua
que ellos tenían se reprodujera y pudiera atender a las necesidades del mundo;
2. Debían
hacer ejercicio físico y alimentarse frugalmente para mantenerse saludables;
3. Tendrían
a su disposición una biblioteca virtual con todos los libros editados hasta el
momento. De ellos, debían leer al menos uno a la semana.
Mi abuelo, sin saber que a cada
hombre le correspondía su mujer desde el primer día se fijó en quien luego
sería mi abuela. Desconocía que era otra mujer la que estaba señalada para él
por el Sistema. Un análisis genético los hacía perfectos para reproducirse con
la elegida pareja, pero la atracción invisible y la energía de los cuerpos pudieron
más.
Cada vez que quería acercarse a
mi abuela, una señal en su cerebro lo obligaba a tomar un camino diferente. Sin
embargo el Mecanismo de Regulación del
Apareamiento no estaba preparado para un
especialista en ejercicios mentales como él.
El día que identificó que no era
su decisión consiente el alejarse de su apetito físico, comenzó a trabajar a
través del control mental para que su cuerpo volviera a responder a su
voluntad. Le habían implantado la necesidad de estar con quien él no deseaba.
Pero su esfuerzo y conocimiento le permitió contrarrestar el efecto.
El día que pudo acercarse a la
abuela Isadora, durante una de aquellas reuniones diarias ella no le
correspondió más que con análisis físicos sobre la reproducción molecular del
Oxígeno. Él la escuchó atento, tratando de decirle con la mirada que le
interesaba su boca no por las palabras que expresaba, sino para besarla y que
le interesaban sus manos no por los gráficos que reproducían en aquel pizarrón
sino por la esperanza de unirlas a las suyas. Pero ella estaba aún manejada por
el Mecanismo que le insertaron por hipnosis antes de llegar a la isla. Sus aspiraciones
amorosas solo podían estar dirigidas hacia aquel hombre que estaba indicado
para ella.
De ahí en más y durante años
tuvieron esa misma reunión de a dos, cubierta bajo la pantalla de la búsqueda
de soluciones a la escasez de agua.
Él, tras un prolongado esfuerzo
persistente, de a poco comenzó a sentirla más cercana, hasta que un día sin que
nadie los viera le acarició un hombro, y sintió que la piel de Isadora se
conectaba con la suya. Se miraron con pupilas dilatadas, ella confundida y el
feliz. Ese fue el primer acercamiento hasta que finalmente pudieron romper el
destino prefijado.
A los diez años de aquel primer
día de iniciado el Sistema de Renovación Mundial de los veinte elegidos iniciales
solo quedaban catorce.
Dos se habían matado a golpes a
los meses de llegar. Una pelea tonta, pero el grupo era auto dirigido y nadie
quiso intervenir para separar. Eran todos iguales, nadie tenía superioridad
sobre el resto y algunos por cobardes y otros por desinteresados permitieron
que aquellos que en conflictos tomaran la decisión libre de trenzarse en
batalla de puños no serían separados. Así partieron a la otra vida los primeros
elegidos.
Al año una mujer murió de
tristeza. Era una científica que abocó su vida (sin éxito) a la generación de
agua potable a través de la transformación de las piedras.
Ella entendía que su experiencia
era importante, pero el Sistema la había sido separado de sus tres hijos. El
día siguiente al anuncio se presentó como toda buena ciudadana del mundo a
cumplir con la llamada del Excelentísimo sin sospechar que esa mañana antes de
partir daría los últimos besos en la frente.
Lloró hasta que no le quedaron
lágrimas. No comió. Se quiso morir desde que arribo a la Isla. Sabía que los
chiquitos de 7, 3 y 1 año no sobrevivirían sin ella, y mucho menos sin agua
potable a disposición. Y así fue que nadie pudo evitar que muriera
prematuramente sin desarrollar su potencial para la recuperación del recurso.
Los otros tres murieron en un
intento desesperado por escaparse. Armaron una balsa, cansados de la monotonía
de pensar y buscar una solución. Vivían bien, nada les faltaba pero creían que
en la necesidad se hallaba la pasión esencial para encontrar la vuelta del
destino que les permitiría volver a regenerar aquella fuente de la vida en
peligro de extinción.
No supieron nunca que a los cien
metros de aquella costa encontrarían la muerte. Una malla eléctrica invisible
impedía a los de afuera entrar a ese espacio protegido. Quienes habían ideado
el Sistema no pensaron que sería también el final de aquellos que quisieran
salir de él.
En estos episodios desafortunados
las parejas elegidas para mis abuelos salieron del Sistema, y les fue permitido
dar rienda suelta a su amor. El Gobierno Supremo Mundial (que secretamente
consumía reservas separadas de agua potable y se perpetuaba en el poder)
entendía que el fin de reproducción de los Elegidos era más importante. Por
tanto les fue permitido aparearse.
Y así fue como concibieron a mi
madre. No fue nada difícil su nacimiento y crianza, la Isla estaba preparada
para todas las vicisitudes del parto y la maternidad. Una de las 20 pioneras
era partera, elegida especialmente para la trascendencia de las especie.
Mi padre fue la consecuencia de
una pareja que cumplió con su destino de perfección, aunque no de amor. Este
sentimiento no era necesario según las Autoridades del Sistema
Lo que estos no calcularon fue
que sucedería con las uniones reproductivas de la descendencia de los pioneros,
por eso mis padres pudieron desde chicos vivir en libertad su atracción.
A los cuarenta años del arribo a
la Isla, las Autoridades Supremas habían dejado de contactarse con los
Elegidos. Estos entendieron que habían perdido interés en el Sistema, pero a
decir verdad habían muerto como toda la humanidad.
Las generaciones que me
precedieron no lograron dilucidar la solución para la regeneración del agua,
pero si encontraron la forma de escapar de la isla.
Ahora aquí estoy yo, tercera
generación de elegidos, en un universo lejano cumpliendo la misión de mis
antecesores, devolver a la humanidad la esperanza sostenida de que existirá un
futuro para nuestra especie.
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