Lo eterno de lo pasado
Me encuentro pasando unos días en Rosario, y con angustia veo el paso del tiempo en todo lo que recorro. Quiero cambiar la mirada, valorar lo vivido y pensar en el futuro. Pero el presente y el pasado invaden.
Estoy en una casa detenida en el tiempo, con algunos retazos de novedad. Libros que hace años no son abiertos, polvo eterno, ropa abandonada, manchas permanentes. Fotos, de pasados felices. Convivir con el paso del tiempo, con aquello que fue y que en cierto sentido es, pero ya no será más.
Un poco de ocio, me permite volver a este espacio de placer. Escribir para sanar. Lo hago normalmente en papel, pero la luz de la habitación y la cucheta de abajo, no son compatibles para mi rutina de escribir en la cama.En general son frases, que les atribuyo cierto poder, y que pocas veces vuelvo a leer. Se fijaran en el cerebro, o no... pero alguna vez transitaron mis neuronas en búsqueda de un bienestar desde lo linguístico, y que seguramente dejaran su huella en el inconsciente .
Cuando escribo en la computadora, en una hoja en blanco a la que nunca le pasará el tiempo, me permito un fluir de los dedos, que ayuda a ordenar las no siempre ordenadas ideas de mi cabeza.
Y ahora con una sonrisa, ya sin esa angustia inicial, me permito retornar al polvo, a la poca luz, a la escalera que rechina, a los arañazos del gato en la baranda. Dejar esto por aquí y volver al desorden de los objetos, los recuerdos y los ácaros.
Toda esa historia, viva para mi, atesorada en paredes y que de a poco se irá desarmando para generar otras historias.
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